Guía Turística de Oaxaca
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Fotografías
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Playa Zicatela
Playa Marinero
Playa de Mazunte
Paseo a caballo en Puerto Escondido
Mazunte
Garzas en Chacahua
Centro Mexicano de la Tortuga
Bahía de Puerto Angel
Barrendero
Andador Pérez Gasga en Puerto Escondido

La Costa de la Vida "Playas Vírgenes, Hoteles de Superlujo y Refugios Ecológicos"

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Nueve de las once especies de tortugas marinas que existen en el mundo arriban a las costas de México y cuatro del total tienen como destino las playas del litoral de Oaxaca, donde anidan y se reproducen, y donde se encuentra el único centro de investigación, conservación y vigilancia de tortugas marinas del mundo.

Las tortugas marinas saben elegir. La Costa de Oaxaca es un paraíso donde concurren bahías aún vírgenes, hoteles de superlujo, lagunas con mangles, playas deportivas, pueblos idílicos de pescadores y campos de golf. En estas costas, antaño animadas por las naves que buscaban el oro del Perú o las sedas de la China, cargadas de leyendas y tesoros, el turismo no ha hecho más que despegar. Desde Bahías de Huatulco hasta Puerto Escondido se encuentra uno de los últimos paraísos del Pacífico, dispuesto a acoger a quienes quieran descubrirlo.

El litoral de Oaxaca es bravío y prodigioso. La Sierra Madre del Sur alcanza con sus brazos el mar y crea una costa única donde se suceden impresionantes acantilados y plácidas y recoletas bahías. Ríos y arroyos descienden de las montañas para confundir el final de las playas y los palmerales con lagunas, esteros y manglares. Las playas, decenas de playas, en su mayoría vírgenes, están rodeadas por vegetación tropical. Los bosques del interior protegen pequeñas poblaciones asentadas en las planicies o en lo alto de pequeñas colinas, donde la vida transcurre ajena al crecimiento del turismo que acaba de descubrir Bahías de Huatulco, Puerto Angel y Puerto Escondido y se ha lanzado a disfrutar de uno de los últimos paraísos tranquilos y apacibles del Pacífico mexicano.

Huatulco pudo ser la llave americana de las auténticas Indias. Cuando llegaron los españoles a este lugar que había sido un cruce de caminos en la ruta que unía los señoríos zapotecas de Zaachila con Tehuantepec, el propio Cortés pensó, primero, que Huatulco era una buena base de fortuna para alcanzar los tesoros del soñado Perú y, cuando desistió de esta idea, que Huatulco podía ser el mejor puerto de la Nueva España para alcanzar el Oriente. Entre 1526 y 1560, Huatulco vivió de este sueño. El auge comercial del cacao y el tráfico comercial con Perú y con la capital del virreinato, por la ruta de Miahuatlán, Oaxaca y Tehuacán, convirtieron Huatulco en un emporio próspero y floreciente, donde no faltaban colonos, comerciantes, artesanos y armadores de barcos.

En 1560, Huatulco perdió las naves del progreso en beneficio de los muelles de su vecina Acapulco, base definitiva de los galeones que enlazarían durante siglos la Nueva España con Oriente. Huatulco se convirtió entonces, a su pesar, en una población olvidada por casi todos, con la desgraciada excepción de los piratas. En 1579, Francis Drake arrasó lo que quedaba del puerto y, en 1587, la incursión del pirata Thomas Cavendish no fue menos negativa, si bien hoy se recuerda por su contribución a la leyenda de la Cruz de Huatulco.

Cavendish ordenó que la cruz de madera que se alzaba frente al puerto de Huatulco fuera destruida. Las hachas se hicieron pedazos, las sierras perdieron sus dientes, varios cables estallaron y ni siquiera el fuego consiguió tumbar la cruz. El prodigio fue pronto considerado un milagro. ¿De dónde había surgido esa cruz? Un nuevo prodigio: los indígenas atribuían la llegada de la cruz a un hombre blanco, barbado, vestido con túnica, que había surgido del mar, con la cruz, siglos antes de la llegada de los españoles. De hecho, los aztecas habían bautizado al lugar como Cuauhtolco, que significa el lugar donde se adora el madero.

La Cruz de Huatulco resistió también la pérdida de decenas de pedazos que se convirtieron en otras tantas reliquias en las iglesias de gran parte del país. Pero mientras la fama de su Cruz iba en aumento, Huatulco perdía, definitivamente, toda opción de progreso. En 1848, Benito Juárez solicitó los medios para abrir un "camino carretero" que enlazara Oaxaca con Huatulco, pero tendría que transcurrir algo más de un siglo para que Huatulco volviera a inundarse de comerciantes, artesanos, propietarios de embarcaciones y gentes llegadas del último confín del mundo. En 1984, el Gobierno Federal inició los trabajos para la creación del complejo turístico Bahías de Huatulco que, con el trabajo del Fondo Nacional de Fomento al Turismo (FONATUR) transformaría en pocos años el que, gracias a su atraso económico, era y es un paraíso virgen.

Hoy, las cálidas nueve bahías de Huatulco, que encierran nada menos que 36 playas, además de ensenadas, caletas y otros refugios menores, acogen más de 200.000 turistas anuales en sus excelentes hoteles de superlujo, entre los que no faltan las grandes firmas internacionales. Piscinas, fondos submarinos, pesqueros deportivos, yates de recreo, un gran campo de golf y la tranquilidad de los bohíos playeros (en México, palapas) se disputan el interés de los visitantes que cuentan, a la noche, con un moderno y seguro centro vacacional de boutiques, restaurantes, marisquerías y discotecas (La Crucecita) y con la posibilidad permanente de extender su viaje a las bellas poblaciones del interior o continuar explorando el resto de paraísos que aún encierra la costa.

Cerca de Huatulco se encuentra el Centro Mexicano de la Tortuga, único en el mundo. Situado junto a la playa de Mazunte, palabra derivada del náhuatl Maxontetia, que significa "te pido, por favor, que desoves", un claro ruego que hacían a las tortugas los habitantes de la zona, el Centro Mexicano de la Tortuga desarrolla la triple labor de investigar la vida de las tortugas marinas, acoger visitantes interesados en observar en las playas el milagro de la vida de las tortugas marinas e intentar generar nuevas formas de desarrollo económico entre los pueblos de la Costa, acostumbrados, durante siglos, a vivir de la explotación de las tortugas antes de que existieran procedimientos industriales para su captura y se hiciera obligatoria la veda. Mazunte cuenta con un Museo Vivo de la Tortuga Marina y gestiona varios bungalows para quienes desean contemplar la reproducción de miles de tortugas en las playas de Oaxaca.

Al este de Mazunte, se encuentra Puerto Angel, sede de la Universidad del Mar y base para visitar la hermosa y confiada cala desnudista de Zipolite. Y apenas abandonada la tranquilidad de Zipolite, la civilización vuelve y surge Puerto Escondido, cuyo desarrollo --campeonatos internacionales de surf, grandes hoteles-- se compensa con la proximidad de las lagunas de Manialtepec y del Parque Nacional, Lagunas de Chacahua --donde crecen los tres tipos de mangles y el raro lirio negro, anidan el albatros y la espátula rosa, y se han llegado a avistar, en una semana, hasta 155 especies de pájaros--, y con la celebración del Festival Costeño de la Danza en Puerto Escondido, nos recuerda, con sus sones, jarabes y ritos populares, que seguimos en Oaxaca.



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